lunes, 15 de mayo de 2017

Yggdrasil, el fresno mundial


Hoy paso a dejaros aquí de nuevo otro texto sobre mitología nórdica que he copiado para vosotros, esta vez es sobre Yggdrasil, el fresno que soporta los 9 mundos en la mitología nórdica.


Este texto pertenece al libro "Dioses y héroes en la mitología vikinga", de Brian Branston, difícil de conseguir, y lo he copiado para compartirlo con vosotros:

"Yggdrasil es el árbol más grande y majestuoso. Sus ramas cubren los nueve mundos y se extienden hacia arriba, hasta el firmamento. Tiene tres raíces: una llega hasta Asgard, donde residen los dioses; la segunda termina en Jotunheim, donde antiguamente se abría el vacío enorme; la tercera se retuerce hasta llegar a Niflheim. Un pozo alimenta de agua a cada una. El de Asgard recibe su nombre de Wyrd, la más poderosa de las tres hermanas.*  Dichas hermanas son parientes de la luna y su influencia sobre los destinos de los hombres no conoce límites. Allí están acurrucadas, envolviéndose en chales grisáceos y nubosos, con los rostros ocultos en sus pliegues. Su pozo es sagrado, y mezclando su agua con la arcilla que hay en sus orillas forman una pasta que extienden sobre la raíz para contrarrestar las fuerzas del mal y preservar la raíz, pues el líquido es tan sagrado que convierte lo que toca en una especie de pura y blanca piel, como la película protectora que hay dentro de la cáscara de un huevo. Ello impide que las ramas del árbol se pudran o se sequen. Algo de esa agua purificadora desciende del cielo como una dulce destilación: es lo que los humanos conocen como rocío y del cual se alimentan las abejas. El pozo de Wyrd da vida a dos  cisnes blancos, de los que descienden todas las aves de su especie.

La segunda raíz de Yggdrasil ahonda hacia los gigantes del hielo. En su punta burbujea el pozo de Mimir. En otro tiempo fue un dios, pero ahora sólo le queda la cabeza, conservada viva por obra de unas hierbas mágicas. Su cabeza está colmada de sabiduría,  porque bebe agua del pozo a diario, y aún es capaz de hablar cuando le pregunta algo el padre de los dioses, Odín. Afortunadamente, pues Mimir y su pozo conocen el pasado, el presente y el porvenir, y, al final de los tiempos, Odín deberá consultar a MiImir si quiere salvarse a sí mismo, a los Ases y a su mundo.

Allá abajo, en Niflheim, dominio de nieblas y neblinas, se encuentra el tercer pozo, el hierviente y violento Vergelmir. La tercera raíz de Yggdrasil cuelga sobre el vapor maloliente y venenoso que se alza de las olas de Vergelmir. En semejante torbellino se revuelca el dragón alado Nithog el Temible Mordedor, que roe sin parar la raíz del Yggdrasil. Junto a Nithog, todo un nido de serpientes lanza nubes de tósigo contra la sufrida raíz. Cuatro gigantescos ciervos arrancan la corteza y se comen los brotes tiernos del árbol. En la copa de Yggdrasil tiene un asiento una vieja águila, sabia pero pendenciera. Y una ardilla, llamada Diente Roedor, salta continuamente de la copa al pie del árbol, mensajera de chismes e insultos entre el águila y el dragón.

El relato de cómo el Fresno obtuvo el nombre de Yggdrassil es realmente espeluznante. Yggdrasil significa "El corcel de Ygg", que a su vez se traduce por "El terrible", uno de los nombres de Odín. Así pues, Yggdrasil viene a significar literalmente "El corcel de El terrible". ¿Pero por qué el árbol era llamado corcel de Odín? Se trata de algo parecido a lo de que el árbol de la horca sea a veces llamado el caballo del ahorcaddo. He aquí cómo sucedió todo.

Odín quería hacerese con el secreto de las runas, esos símbolos mágicos a partir de los cuales se desarrolló la escritura. Tal secreto confesaría a su poseedor un poderío universal, pero sólo podía conseguirse mediante un terrible sacrificio. Odín tuvo que permanecer nueve días y nueve noches colgado del cuello, de una rama del Fresno y sobre el abismo sin fondo, sumergido en la oscuridad de unos vientos intergalácticos que surgen, como ríos de aire,  de los más hondos confienes del espacio. Odín, aunque era un dios y padre de los Ases, aulló de terror. Al final de la prueba se le dio a conocer el glorioso secreto de las runas mágicas y ya para siempre puso él su sabiduría al servicio de los hombres y los dioses.

Odín gobernaba Asgard, el Recinto de los Dioses que él y sus hijos levantaron, construyéndolo encima de las nubes y soportado por Yggdrasil sobre el centro de Midgard. Los palacios de Asgard eran de oro puro, deliciosos y refinadísimos. Para empezar, los dioses erigieron Gladsheim, es decir, Hogar Gozoso, del que se asegura que es el edificio más refinado que nunca se haya construido. Allí están los doce tronos, uno más alto que el resto y destinado al propio Odín. Tanto por dentro como por fuera todo estaba hecho de oro deslumbrante. Odín y lo suyos construyeron otra mansión, que servía de basílica a las diosas. También este lugar era hermosísimo. Los hombres lo llamaban Vingolf o Suelo Amistoso. 

Su siguiene tarea consistió en preparar un taller, porque los trabajos manuales eran considerados una ocupación honorable y útil. También instalaron un taller de forja, donde hicieron el primer martillo, el primer yunque, las primeras tenazas y los demás instrumentos y herramientas. Fabricaron metales, piedra y madera y, en particular, oro. De oro estaban hechos todos sus utensilios y platos, y por eso aquella época se conoce como Edad de Oro.

En el centro de Asgard se extendía la risueña llanura de Idavale, y adornaban sus colinas y valles los espléndidos palacios levantados sobre suaves y verdes praderas. Uno de aquellos edificios era el denominado Breidablik o Gran Resplandor, que prácticamente no tenía igual. También aparecía Glitnir, el Desluumbrante, cuyos muros, salones y columnas estaban hechos de oro, y la techumbre de sólida plata. También es digno de mención el rincón llamado Colina Celeste, que se encontraba en el extremo más alejado de Asgard, inmediato a la piedra angular del puente del arco iris, allá donde Bifrost se arquea saliendo del cielo.

Bifrost, el Camino Tembloroso, que gentes menos imaginativas llaman también el arcoiris, era el puente levantado por los dioses entre Midgard y Asgard, el camino entre tierra y cielo. Todos los dioses, excepto Thor, cruzan a diario el puente Bifrost hasta llegar al pozo de Wyrd, donde se reúnen para impartir justicia. Thor va a pie, vadeando los ríos que se encuentra en su camino, pues el trueno y el relámpago que acompañan a su carro alterarían el delicado equilibrio del puente, cosa que no ocurrirá hasta el fin de los tiempos. 

[...]Por muy poderoso que sea [...] Bifrost se derrumbará cuando los malvados gigantes del fuego de Muspell lo crucen con sus sementales. Pero no hay que culpar a los disoes de la debilidad del puente, pues ningún rincón del universo quedará en pie cuando lleguen esos tiempos terribles, el Ragnarok.

[...]El camino caía a plomo, hundiéndose a través de negros acantilados verticales, y a cada nuevo descenso en la oscuridad, bajo los aullantes ventarrones que surgían desde Niflheim -el domino de la niebla y la nieve-.[...]

La entrada a Hel, Gnipahellir, o Cueva del Acantilado, es un siniestro agujero negro abierto entre escarpados peñascos y barrancos. De su interior surgen ventiscas de nieve. La oscura caverna está guardada por un perrazo de aspecto feroz, con el pecho ensangrentado, y cuyo nombre es una especie de gruñido: Garmr. Está encadenado a su puesto, porque de hallarse libre saltaría hacia arriba, buscando salvajemente presas en el mundo superior, donde atacaría por igual a hombres y dioses. La sangre de la informe pelambrera de su pecho procede de todos los que pasan ante él, que luego quedan tan aterrorizados por cuanto ven en Hel, que tratan de escapar nuevamente hacia el mundo de la luz.

Todos los caminos del Inframundo conducen hacia abajo, bien sea desde Asgard, desde Midgard o Jotunheim. Allí se encuentran los muertos y los fantasmas de dioses y gigantes.

Los pecadores de Midgard van a Hel, especialmete quienes hubieren quebrantado su juramento, los asesionos y desleales. El castigo es eterno. Hay una isla en el Inframundo, llamada Naastrand, o Playa de los Cadáveres, sobre la cual se alza una gran cámara de tortura;  siempre queda fuera del alcance de la luz solar y sus puertas dan al oscuro norte. A primera vista, los muros y tejados parecen hechos de mimbre, pero en realidad son serpientes venenosas entrelazadas, cuyas mandíbulas rezuman tósigo por los comillos, para quemar a los pecadores que se amontonan debajo. Ahí se encuentran prisioneros los que juraron en falso, los asesinos, los adúlteros. Algunos, sin duda, han muerto por segunda ve en su camino hasta este lugar, porque hubieron de vadear el terrorífico río Slid, o Espantoso, que no lleva agua, sino cuchillos, dagas y afiladas espadas. Sólo ellos escapan al pozo de serpientes de Naastrand para hundirse en Niflhel, nueve mundos más abajo, donde los muertos caen del Hel.

A la orilla de Naastrand se está construyendo una terrible y larga embarcación. Se trata de Nailfarer Naglfar, el barco de uñas de los muertos, construido eternamente con las uñas de los dedos de las manos y pies de los que mueren sin habérselas cortado. El capitán del bajel será el mayor pecador de todos, infiel, desleal e incluso indirectamente asesino de dios. El y su horrorosa tripulacion lucharán en el bando de los gigantes del hielo en el Ragnarok, de modo que todos los hombres honrados que deseen retrasar ese día funesto deben preocuparse de tener siempre las uñas limpias y cortas.

La reina de este infernal domino se llama también Hel. Sus palacios son enormes y llenos de signos de muerte. Su plato se lama Hambre y su cuchillo y tenedor Hambruna; Senilidad es su esclava doméstica y Chochez su servidora y sierva. En la entrada de su residencia, el umbral de la puerta es Trampa. De tez semilívida y a medias mortal, resulta repulsiva a la vista. 

[...]Jotunheim, el mundo de los gigantes, es un lugar preocupante para los dioses y para los hombres. Cuando uno se halla rodeado de enemigos no puede dejar de sentirse inquieto, y si tales contrarios son gigantes de las montañas, o gigantes de hielo o de fuego -que lo más probable es que se traguen a cualquiera que se interne en sus dominios-, entonces la aprensión se convierte en terror.

Afortunadamente, los dioses están bien preparados para resistir a los ataques de los gigantes contra el propio baluarte de Asgard y para realizar el asalto a Jotunheim. Es Thor, por supuesto, quien los mantiene de continuo a raya con su celebérrimo martillo."

Notas mías:
*Se refiere a las nornas.

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